En febrero de 2023 nos dirigimos a Guadalajara concretamente a Almiruete, una pedanía de Tamajón, a ver sus famosas botargas y mascaritas, fiesta de Interés Turístico Regional. Una tradición que parece tener un origen prerromano y que festeja la llegada del equinoccio de primavera, el paso del invierno y el comienzo de la fertilidad del campo.
Tamajón está ubicado en la sierra norte de Guadalajara y pertenece a los pueblos conocidos como “pueblos de la arquitectura negra”. Comprende tres pedanías, Muriel, Palancares y Almiruete. Son la puerta al parque natural de la sierra norte de Guadalajara y se encuentran a la falda del pico Ocejón. Este enclave (con vestigios prehistóricos desde el paleolítico superior y donde posteriormente, según los historiadores, sería la zona ocupada por el pueblo Celtíbero conocido como Arevacos), rodeado de robles melojos, pinos silvestres y una gran diversidad natural, se lleva a cabo uno de los carnavales más antiguos de la provincia, el cual, tiene un origen aún desconocido.

Las botargas (mozos), portan caretas confeccionadas con elementos de la naturaleza, con variadas composiciones, que van desde los motivos más campestres hasta seres míticos.
Vestidos con camisa, adornada con flecos rojos y calzón (pantalón) blanco, una faja negra que, sobre los hombros, cruza pecho, espalda y cintura, desde donde cuelgan unos grandes cencerros. En la cabeza, un gorro blanco decorado con llamativos adornos florales. Garrota y calzado pastoril.
Las mascaritas (mozas), cubren su rostro con un lienzo pintado que oculta también su pelo. En su cabeza un sombrero campestre, forrado con tela blanca y flores.
La indumentaria que portan es: un traje blanco de dos piezas (camisa y falda con vuelo, adornada de flores y hiedra). Sobre este, un delantal blanco con remates de puntillas, bajo un amplio mantón de vivos colores que cubre sus hombros. Guantes, alpargatas blancas y medias.

Hablo con Cesar Cabrero Muñiz, concejal del ayuntamiento de Tamajón, y actualmente el mayor Botarga en activo, para que me explique, con detalle, en que consiste esta tradición:
¿En qué consiste el festejo?
–Nos reunimos en el monte, cada año en una salida diferente que solo conocemos nosotros, porque si no, curiosos, periodistas y fotógrafos (que ya estuvieron el año anterior y vieron por donde veníamos), acceden al lugar y nos estropean la fiesta… Tenemos por varios enclaves colocados a “vigilantes” que se encargan de que la gente no acceda durante todo este tramo hasta la llegada al pueblo. Al toque del cuerno, la bajada desde el punto de salida la realizamos sin máscaras, imagínate bajar por el monte con ellas… no llegas (risas)…
Ya en un punto elegido y cómodo, nos ponemos las caretas y comenzamos nuestra ruta que consiste en dar vueltas al pueblo haciendo sonar los cencerros al unísono.
<Hacer sonar los cencerros, es utilizado ritualmente para ahuyentar a los malos espíritus>. Aquí podríamos encontrar una primera relación: los celtas creían que en la naturaleza habitaban múltiples espíritus y que podían influir en los humanos.
–Tras dar unas vueltas al pueblo, nos acercamos a buscar a las mascaritas a la casa elegida. (Igual que las botargas, las mascaritas eligen un punto, en este caso una casa que solo ellas y mozos conocen). Nos emparejamos cada botarga con una mascarita y damos unas vueltas más por el pueblo. En la última vuelta se lanza confeti y pelusa de juncos. Hay a gente que le sienta mal que les lancemos todo esto, pero… es nuestra tradición.
< El lanzamiento de estos elementos, se tiene por entendido que simboliza el culto a la fertilidad, ya que en estas lupercales (como lo llamaban los Romanos) se festeja el fin del invierno para la llegada de la primavera, y con ello la fecundidad en los campos. En este rito de paso, hay una clara adoración a la madre tierra y a la mujer >.
–Por último, nos reunimos todos, junto a los asistentes a celebrar en la plaza del olmo (donde se encuentra el museo), a comer chorizo y panceta.
Almiruete cuenta con un museo de mascaritas y botargas que abre el segundo sábado de cada mes por la mañana, el cual, se encarga de mantener la cofradía de carnaval, y donde se exponen gran variedad de máscaras de años anteriores que no dejan indiferente al visitante.


Es notable el parecido que guarda con otras festividades de la misma provincia, como los diablos de Luzón, y de la península, como el carnaval hurdano, la vijanera en silió, el carnaval de zubieta, los harramachos en navalacruz, los cucurrumachos de navalosa,etc… (Por cierto, estos ultimos de la provincia de Ávila, están siendo rescatados a través de Mascaravila un proyecto que pretende preservar y divulgar esta tradición. Aquí su web, www.mascaravila.com ). Incluso se puede comprobar su similitud a otras festividades en el resto de Europa, como el Busojaras en Hungría, con sus seres lanudos llamados Busós (que me hacen recordar etimológica y estéticamente al basajaun, un ser mitológico vasco), el carnaval de kukeri en Bulgaria (el cual guarda una relación a mi parecer, notable), Eslovenia, Croacia, Alemania, Ucrania, Letonia, Macedonia, Suiza, etc…



Resaltar que, en estas tierras, hubo una repoblación con gentes provenientes del País Vasco, Navarra y La Rioja, en el siglo XI. Intento descubrir lo que hay detrás de este peculiar carnaval y desde mi modesta opinión, encuentro dos posibilidades, una, o bien estamos ante una celebración milenaria de origen celtíbero, o dos, fueron estas personas que repoblaron estas tierras los que trajeron consigo esta festividad…

Quiero agradecer a Cesar Cabrero Muniz su colaboración.
A Sergio Escalante y a Carlos González Ximénez, por permitirme ilustrar este modesto artículo con sus fenómenas fotografías.
Por último, recomendar la visita a estas mascaradas de invierno que este año, se celebrarán el día 10 de febrero, seguro que no os arrepentís. Y, que ojalá, tradiciones como esta y otras, que nutren a esta península de magia y carisma, empiecen a tener la consideración que se merecen, que no es poca.
Miguel Ortiz
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