Flamenco y misterio «La Petenera»

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Quién no ha escuchado alguna vez la expresión “salirse por peteneras”, o, “no te vayas por peteneras”, estas hacen referencia a un cante flamenco lleno de misterio y de superstición. 

El flamenco tiene ya de por sí una envoltura misteriosa. La petenera es uno de los cantes que más superstición guarda, y vamos a intentar desentrañar si estas creencias que la envuelven son reales o infundadas. 

En mi casa, siempre ha habido una relación muy ligada con el cante flamenco, ya que desde generaciones atrás tenemos muy buena afición al cante. Siempre me ha llamado la atención, por qué mi abuelo me decía que el cante por peteneras traía mala suerte (mal bajío). A él, la verdad, esto le daba prácticamente igual, pero sí que me recordaba como su padre, muy ligado a la gitanería y al flamenco, sí que evitaba este cante y tenía bastante superstición, incluso en muchos aspectos cotidianos.  

La Petenera es un cante sentimental y melancólico de cuatro versos octosílabos que al cantarse se convierten en seis, por repetición de uno y el añadido de otro ajeno a la copla. Cante de pausada entonación, emotiva y a veces sentenciosa, revestido siempre de leyenda y al que se le ha atribuido que para los gitanos ha tenido siempre «mal fario». Algunos cantaores calés han evitado cantarla, e incluso escucharla. Sin embargo, ha sido interpretada por muchas grandes o singulares figuras del cante como: Pastora Pavón, Pepe de la Matrona, Medina el viejo, Rafael Romero, Don Antonio Chacón, Juan Breva, Camarón, Manolo zapata, Negro del Puerto, etc. 

Pastora Pavón (Niña de los Peines).

¿Cuál es su origen?  

Según algunos historiadores ya existiría en el siglo XVII y se emparenta con la zarabanda, con las villanescas Sefardíes… aunque hay indicios de que se nutra de una época anterior, como del romance de Gerineldo (siglo VII). Incluso en América, exactamente en Veracruz (México), existe un estilo musical y de baile denominado con este nombre, pero hoy en día la teoría que más fuerza cobra (desde mi opinión), es la siguiente: 

Su nombre se le atribuye a una cantaora de Paterna de la Rivera (Cádiz) llamada -Dolores la petenera-, del siglo XVIII. Añado, que el gentilicio de los habitantes de este pueblo es peternero/a

Antonio Machado y Álvarez, (uno de los mejores flamencólogos que hemos tenido en este país) escribe en 1881 un dato a tener en consideración: 

-5º y último, porque Juanelo (cantaor de Jerez), que es muy entendido en cante flamenco y completamente veraz, no tenía interés en engañarme acerca de la patria de la Petenera, a quien él mismo llegó a escuchar.  

En relación con que este cante tuviese su origen en esa población Gaditana. 

Antonio Murciano, en el mejor reportaje audiovisual antropológico hecho hasta ahora <Rito y geografía del cante flamenco>, dice lo siguiente: Yo creo que la petenera ha generado en una forma flamenca superior de una categoría auténtica, por el brío que le han prestado cantaores famosos y que no debe quedar clasificada como un cante folclórico, sino dentro de los cantes flamencos genuinos. 

Sin indagar mucho en su origen, dado que ya para ello hay autores que han realizado bastantes estudios sobre ello y los cuales, si el lector/a lo cree conveniente, animo a buscar y leer. Me quiero centrar en la leyenda negra que envuelve a este cante. Y vamos a exponer los cuatro únicos datos que he encontrado para ver si es verdad o no, o quién sabe lo que hay detrás. Vamos con ello: 

Primero: 

En 1891 el cante por peteneras tuvo su gran esplendor, año en que hubo una gran escasez de alimentos y gran pobreza. El cual dio origen a estos versos: 

” Del año de las peteneras nos tenemos que acordar, que anduvo Pura y Limpia en el canasto del pan“.  

Segundo: 

“Dolores, la petenera”, debió de ser una persona bella, capaz de enloquecer a los hombres, generando la desgracia a quien se quedase prendido de sus encantos y ha pasado a la historia con esa calificación, que igual no se merecía… 

<Quién te puso petenera no supo ponerte ese nombre, te debían de haber puesto, madre de mi corazón, te debían de haber puesto, la perdición de los hombres>.

Tercero: 

Sobresale la ocurrida durante la escena «Gloria a la Petenera», en el espectáculo de León y Quiroga «Cabalgata» que se representó en 1.945-1.946. Los actuantes para reforzar el dramatismo de la estampa sacaban a hombros a una fallecida Petenera, mientras se cantaba la copla «La Petenera se ha muerto, /y la llevan a enterrar/ y no caben por las calles/ las gentes que van detrás». Una obra con gran éxito en Sevilla y Madrid y que, días antes de la presentación en Londres, a la bailaora aragonesa Mari Paz, protagonista de la escena, le produjo la muerte una afección en el pecho y nadie se atrevió a sustituirla por respeto, miedo o superstición y la compañía se disolvió. 

Cuarto: 

Es cierto que el flamenco ha “mamado” de otros cantares populares y no es descabellado, que este cante pueda tener pinceladas sefardíes. Podría ser que esta superstición bien puede derivarse por la creencia de que la petenera tuviera ese origen. La gran religiosidad del siglo XV, tras la expulsión, originó un gran recelo y odio frente a todos los descendientes de quienes se supone qué, colaboraron muy directamente con la pasión y muerte de Jesús el Cristo. 

Más que estos puntos arriba descritos, no encuentro otros datos para fundamentar esa leyenda negra que habita sobre este cante. Lo que me lleva a pensar que lo que hay detrás es una leyenda, que cada cual crea lo conveniente. Pero sí, saco una conclusión positiva y otra un poco menos positiva:  

La primera es que probablemente gracias a esta leyenda negra, mantenga el cante por peteneras aún esa esencia ancestral, date del año que date, sea su origen, cuál fuere. Dado que las mezclas de muy mal gusto se han apoderado de gran parte del cante flamenco y a mi parecer lo están deteriorando y extinguiendo de forma “criminal”. 

La segunda, es que, si hay evolución musical y mientras sea buena y respetuosa con las raíces, es bueno aceptarla y quién sabe si por culpa de esta leyenda nos hemos perdido una posible positiva evolución, preservando, obviamente, su vientre original. 

Miguel Ortiz 

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