
Difunta Correa es como se conoce a Deolinda Correa de Bustos (1810, aprox. 1840, fecha de defunción), es, junto al Gauchito Gil, una de las figuras más veneradas en la Argentina. Fue una joven mujer Argenta, de la que se cuenta que durante las prolongadas y sangrientas guerras civiles del país, murió deshidratada en los desiertos de San Juan, en el siglo XIX. Logrando que su bebé de meses sobreviviera amamantándose de su pecho. Su historia se ha expandido, hasta Chile, Uruguay y curiosamente, hasta la provincia de Almería (España) exactamente a Almerimar, y se ha convertido en culto en el territorio argentino, fundamentalmente en el centro y norte del país. Los creyentes invaden de botellas con agua (para que la difunta < no pase sed>) y sus santuarios, están ubicados en zonas rurales de todo el país. El templo principal se encuentra en el pueblo de Vallecito (a 63 km de San Juan).
Existen varias versiones de la leyenda, Deolinda Correa, o Dalinda Antonia Correa (según el nombre con el cual aparece mencionada en el relato más antiguo de 1978), fue una mujer cuyo marido, Clemente Bustos, acabó siendo reclutado forzosamente hacia 1840, durante las guerras civiles, por una montonera militar que viajaba rumbo a La Rioja. Vivían en el departamento de Angaco (provincia de San Juan) junto a su familia.
La joven, angustiada por su esposo y huyendo de los acosos del comisario del pueblo, decidió ir tras él. Tomó a su hijo lactante y siguió las huellas de la tropa por los desiertos sanjuaninos, llevando consigo solo pan, charqui y dos chifles de agua. Cuando se terminaron los víveres, estrechó a su pequeño hijo junto a su pecho, y se cobijó debajo de la sombra de un algarrobo. Allí murió a causa de la sed, el hambre y el agotamiento.
Al día siguiente, unos arrieros que pasaban por el lugar encontraron el cadáver de Deolinda y su hijo seguía vivo (otras leyendas, aseguran que el pequeño también murió), amamantándose de sus pechos, de los cuales aún fluía leche. Estos la enterraron en el paraje conocido hoy como Vallecito y se llevaron consigo al niño.
Al conocerse la historia y considerarse como un milagro, muchos paisanos comenzaron a peregrinar a su tumba.

En Vallecito (que cuenta con una población de 347 habitantes), lo que al principio fue una rudimentaria cruz en lo alto de un cerro, se ha convertido en 17 capillas, donadas por diversos devotos. Una de ellas contendría los restos de Deolinda y en esta existe una escultura de la muerta con su hijo, recostada, de cara al cielo y con el niño en uno de sus pechos. Las visitas se dan todo el año, aunque en épocas de mayor afluencia se han reunido hasta trescientas mil personas. Contando con mayor afluencia en Semana Santa, el Día de las Ánimas (2 de noviembre), Fiesta Nacional del Camionero, en las vacaciones de invierno y para la Cabalgata de la Fe, entre abril y mayo. El promedio de visitas anuales es de 1.000.000 de personas.
Es considerada santa popular, debido a que la gran mayoría de sus devotos se identifican como católicos. En 2020, durante las Jornadas Mundiales de la Juventud de Panamá, miembros de la Fundación Vallecito encargada de promover el culto a la Difunta Correa, entregaron una carta al Para Francisco, solicitando un proceso de beatificación, ya que, según sus seguidores, tiene la capacidad de obrar milagros.
Milagros
Uno de los prodigios que se le atribuye sería la supervivencia de su hijo.
La primera capilla en su honor fue construida por un tal Zeballos (arriero de profesión, que viajaba rumbo a Chile). Este sufrió la dispersión de su ganado y tras encomendarse a la difunta, logró reunir nuevamente a todos los animales.
Quienes sienten devoción por ella, le atribuyen infinidad de prodigios. Estos, en agradecimiento por cumplir sus peticiones, dejan sus ofrendas (ya que, supuestamente, esta deidad exige que se reconozca su “milagro”, y podría darte avisos para que cumplas lo solicitado). Diplomas, trofeos, motos, maquetas de “casitas”, placas conmemorativas, etc. y por supuesto, botellas de agua, son unos de los miles de objetos que decoran el lugar.
Existen gran cantidad de videos en internet, donde recorren esta pequeña y mística aldea mostrando la peculiaridad del lugar.
Arrieros primero, y posteriormente los camioneros, son considerados los máximos difusores de la devoción hacia la Difunta. Serían los responsables de levantar pequeños altares en diversas rutas del país.
La difunta correa en Almerimar

Pequeños altares llaman la atención en la carretera de El Alcor, que va desde San Agustín hasta Almerimar, por la cantidad de botellas de agua que las rodean. Una de ellas, creada en 2010 por Ivanna Haro y Leonardo di Lernia, (dos argentinos que llegaron en esa fecha a dicha localidad), quienes levantaron este santuario para pedir trabajo y salud a la Difunta Correa. Según se cuenta, funcionó y desde entonces todo les ha ido bien. Lo curioso es que este paraje semidesértico Almeriense, tiene cierto parecido con el entorno sanjuanino.
Raro es el día en el que algún vecino de la comarca no se acerca a este lugar para rogar que esta mártir cumpla sus peticiones. No llega a ser tal la cantidad de ofrendas depositadas en este lugar, como las que pueblan Vallecito.

El investigador y escritor Alberto Cerezuela y el periódico La voz de Almería, en 2016, recogen los siguientes sorprendentes testimonios, en el entorno donde se alza el pequeño “santuario” en honor a la difunta Correa:
Unos amigos iban en coche camino de Almerimar. Reían y conversaban, hasta que algo perturbó su ánimo. Los cuatro ocupantes del vehículo pudieron observar en la carretera una figura, con apariencia femenina, parcialmente difuminada. Caminaba muy lentamente dando sensación de agotamiento. Maite, uno de los testigos, cuenta lo siguiente: «En cuanto la vimos, nos callamos todos. Y a los cuatro se nos puso el vello de punta. Como si en nuestro cuerpo hubiera saltado una alarma de peligro. Aquella figura no era de este mundo». Impactados por el suceso, decidieron no parar, pero cuando los nervios se calmaron, volvieron al lugar para comprobar si se trataba de alguien que necesitaba algún tipo de ayuda. Al personarse allí, no se encontraron a nadie.
José, profesor de autoescuela, también vio algo extraño en esa carretera. Él, según este diario, lo define como “un cuerpo sin cabeza” que se le cruzó en plena noche. Quizás este caso, tenga parentesco con el presenciado por los jóvenes antes mencionados.
Quién sabe si los dos argentinos que levantaron en España el primer altar en honor a la difunta correa, no se toparon en este enclave también con esta extraña figura de apariencia femenina y este fenómeno, sea lo que hay detrás de tan peculiar lugar de culto, o solamente se trate de la creación de un enclave donde los devotos pudieran ir a adorar a esta “deidad” con matices de “mujer heroica” y un parentesco notable con los dioses paganos.

Sobre el hijo de Deolina Correa, algunas historias aseguran que sobrevivió. Lo que me he encontrado es que hay más de diez versiones relacionadas con el pequeño… ¿Sigue vivo?, ¿no?, ¿tuvo descendencia?…
Gracias a mi primo Jacob Ortiz por descubrirme este rito tan peculiar y hacer de reportero audiovisual en tierras almerienses.
Miguel Ortiz
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