El «canto de los pollitos» en Sotillo de la Adrada. Un pre-oppidum o altar primitivo.

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Después de unos meses sin publicar nada (y no por ello tener una actividad improductiva), traemos la primera entrada de lo que será una nueva época. Donde volveremos a tratar los temas que más nos apasionan y que durante este periodo hemos ido recogiendo. Hemos visitado algunos enclaves singulares de la península, hecho algunas entrevistas, alguna que otra investigación y recopilar un buen puñado de información. Vamos pues, a comenzar:  

Desde hace aproximadamente unos diez años que pasamos gran parte de nuestro tiempo libre en la zona sur de Ávila, siempre me ha llamado la atención un sitio en particular, y ese lugar es el famoso canto de los pollitos de Sotillo de la Adrada, localidad que se encuentra a escasos cien kilómetros de Madrid. Tuvimos la ocasión de hacer una acampada gracias a una jornada que organizó el ayuntamiento en el campo de fútbol de El teso, que se encuentra a los pies de este risco tan peculiar. Al despertar y salir a tomar un café, justo cuando estaba empezando a amanecer, me quedé observando aquella pequeña montaña, con sus dos grandes rocas que en su cima lo coronan, desde una perspectiva, que antes no había contemplado (ya que no es desde este lado el “oficial” acceso al lugar). Quedé completamente encandilado, como si aquello que tenía frente a mí, tuviese algo más que contar o como si tuviera una energía especial. Después de recoger todos los cambalaches de camping, decidimos volver a subir por enésima vez, pero en esta ocasión con otro punto de vista. Es cierto que en el aparcamiento que da paso a la pista que lleva al canto de los pollitos, hay un cartel informativo (completamente deteriorado, por cierto), donde se explica escuetamente el valor histórico del lugar, pero creo que hay más cosas que contar sobre él y sobre todo que debería de formar un papel más relevante dentro del patrimonio cultural de esta pequeña localidad Abulense.     

Bueno, después de encabezonarme con que algo más alberga este enclave tan particular, empecé a buscar información sobre ello. No hallé mucho, la verdad. Pero sí que encontré un estudio de la Sociedad de Estudios de Valle del Tiétar (SEVAT), que aporta (para mí), bastante luz al asunto, y él cuál recomiendo leer.   

El estudio que presenta la SEVAT, muestra como elementos que se hayan y forman parte de este enclave, son similares a los hallados en otros castros, como por ejemplo el famoso castro de Ulaca. Pues bien, vamos a analizar elemento por elemento: 

El objetivo de esta pequeña aportación es “abrir un melón”, que creo necesario, para que, ojalá en algún momento, este lugar pudiera tener la importancia arqueológica que personalmente creo que debería de tener. Obviamente, existen aportaciones descabelladas y sin ningún fundamento de estudio, pero creo que mi labor, no es, sino la de contribuir, si pudiese, con un mínimo de criterio. 

Para empezar, vamos a describir el lugar en cuestión y su historia:  

Probable cabeza de ave.

El canto de los pollitos se encuentra al oeste de esta localidad, en este cerro se alzan unas rocas graníticas zoomorfas, que aparentan un ave, y a su lado, un huevo. Pero parece ser, que no nos encontramos ante una formación casual. Los elementos que componen esta pequeña montaña (que antes de la romanización de la península ibérica fue territorio de los vettones, pueblo celta famoso por sus berracos, como los archiconocidos Toros de Guisando), esconde numerosos elementos para ser catalogada como un probable altar rupestre de la edad del hierro, incluso por su primitiva composición podríamos estar hablando de que fuera anterior a dicha época y se pudiera situar en la edad de bronce, osease proto-celta. 

La roca pollo-gallo o roca águila o incluso, roca buitre:  

Estas rocas petrozoomorfas que se encuentran en la cima y que aparentan un ave, son las responsables del nombre del lugar. He añadido también el nombre “roca águila” porque en esta modesta investigación he encontrado más similitud con este accipitriforme, que con las gallináceas y voy a explicar la lógica que tiene para mí. Además, habría que tener en consideración al buitre (gipssy gipssy), dado que parece ser que los pueblos indoeuropeos que poblaron la península utilizaban restos fúnebres y empleaban el ritual de abandonar el cadáver para que los buitres devoraran el cuerpo y de esa forma trascendiera el alma del sujeto a los cielos. 

Parece ser que las gallináceas ya entraron en la edad de Hierro en la península y que además de ser alimento, también pudiesen ser adoradas. Pero, según otros historiadores llegaron a ser animal doméstico en el siglo V. Y aquí se genera un vacío de datos, y no es que yo niegue la posibilidad de que se trate de un gallo ( es más, parece ser que el nombre del rio Tiétar, rio que nace en rozas de puerto real y llega hasta Extremadura desembocando en el Tajo y recorriendo todo el valle al que da nombre, pudiera provenir de la palabra proto celta Teter (que designa varias clases de aves (faisán, urogallo, perdiz, tórtola, paloma silvestre)), pero claro, si en esa época no había gallos ni faisanes, la única posibilidad es que en la zona existiera una sub especie de urogallo, que estaría por descubrir, o hacer referencia a la perdiz, o a otra ave que pudiese estar dentro de esta familia. Pero lanzo la posibilidad, por los datos en toponimia que he ido encontrando que pueda más encaminarse hacia el águila, que hacia esta gallinácea. Las referencias en todo el valle y al águila son significativas: Cuevas del cerro del águila y sierras del águila: en Ramacastañas (muy cerca del rio Tiétar), cerro del águila en Pelahustan, arroyo del águila en El Real de san Vicente, peña del águila en santa maría de la alameda (Madrid) y en Tornadizos de Ávila… Lo que me parece curioso es que en un espacio tan cercano existan tantas referencias a esta ave. Existen más cerros del águila, o picos del águila en la península, pero es en esta zona donde se concentran más enclaves y también tiene su lógica, ya que en estos lares la presencia de águila imperial (aquila adalberti) y real (aquila chrysaetos), es significativa. De hecho, es muy común observar parejas de águila imperial merodeando la zona y surcar las alturas a lo largo y ancho del valle, son sin ninguna duda las reinas de sus cielos. Lo que desde mi punto de vista parece estar bastante claro, es que nos encontramos ante la representación de un ave. Y una posible prueba de ello es que en la probable cabeza de pájaro también existe una talla que asemeja un ojo. Talla que podría ser posterior, pero que ahí está. 

Agrupación zoomorfa que asemeja un ave.

Elementos que componen el lugar:  

Inscripciones y tallas.  

Dentro de este posible lugar sagrado podemos encontrar diferentes inscripciones o tallas en sus rocas. Unas como flecha, cruz, cazoleta… en las zoomorfas y otras en los hitos cercanos. Y es que son significativas y comparables con las encontradas en otros castros.  

Flecha. 

Talla que apunta hacia el este. Bien podría ser una señal, un código que utilizasen los pastores trashumantes para guiarse (al igual que hoy pintamos las rocas para saber la senda a seguir).  

Cruz Cristiana 

Otra de las marcas que podemos encontrar es una cruz cristiana. Y no tiene más misterio de que fue una forma de señalar como cristianos los lugares “paganos”, donde se rendía un culto ancestral. En algunos lugares se colocaron cruces graníticas (Galicia sería el ejemplo más notable), en otros se construyeron ermitas, …  Y si antes comentábamos la probable función de la flecha, la cruz se encuentra justo a unos pocos centímetros de ella. Parece más servir de advertencia, de un aviso, de que ¡ojo!, este lugar ya es cristiano. No es para nada descabellado pensar que este cerrillo (con cantidad de elementos castrenses) fuera lugar de culto, culto a los astros, a los elementos de la naturaleza, o un altar funerario… todo y digo todo son suposiciones, pero hay que recordar que    Ya que hemos de recordar que con el distanciamiento del ser humano de su milenial raíz, por el camino, se ha olvidado por completo la sensibilidad para sentir la energía de la naturaleza (y este lugar la tiene) 

Cuadrado. 

En el marco que engloba a la flecha y la cruz, también hay una talla de un cuadrado. Yo sinceramente no sé qué representa. Podría inventarme algo para rellenar este apartado, pero no. 

Cazoleta o pileta. 

Sobre la posible cabeza de las rocas zoomorfas, nos podemos encontrar que, debajo de ellas, se encuentra una cazoleta o pileta disponiendo de un canal en forma de v, similar a las encontradas en otros castros. Estas oquedades talladas, parece ser tuvieron un motivo ritualístico y abundan en los lugares antiguamente poblados por pueblos indoeuropeos. Según las hipótesis, el rito consistiría en derramar líquido (como plegaria, ofrenda, etc.) a la deidad y que este, fuera cayendo en forma de cascada. 

Trono o sitial. 

Los tronos o sitiales son otros de los elementos que albergan los santuarios prerromanos y abundan en la cultura vettona. Aquí también hay uno y no muy diferente a los encontrados en Ulaca.  

Roca huevo. 

Esta mole de forma ovalada, más a mi parecer, podría ser un culto a la fertilidad.  

Como podemos comprobar, algunos de los elementos que componen el lugar son prácticamente similares a los hallados en otros yacimientos, aquí solo he apuntado los que considero más significativos. Pero no por ello son menos importantes: lo que parece una puerta labrada en una de las rocas o un pequeño ídolo oculado (muy parecido al de Ulaca). Ahora bien, según lo que he podido ir sondeando y con el conocimiento de que los indígenas no solo tenían sus deidades en los animales (véase Ataecina la diosa con forma de cabra, por ejemplo, en la zona más cercana a la Lusitania, etc.…) o árboles (como la encina, el roble, etc.…) sino también en los astros, y en elementos de la naturaleza como el rayo, el trueno… Es en el tema astral donde se basa parte de esta investigación. En comprobar si este enclave tuviera una relación con ese posible culto y qué hay detrás de ello. 

Cruz grabada sobre piedra

El probable culto al astro rey. 

Después de investigar sobre los dioses que pudieran tener los enigmáticos vettones (pueblo hermanado supuestamente con carpetanos y lusitanos), y las comparativas que hicieron los Romanos con sus propios dioses (porque, no existe un panteón de dioses célticos como puede suceder en el mundo greco-romano y lo que ha llegado a nuestros tiempos varía de un lugar a otro), entre ellos destaca Júpiter (al que algunos pueblos célticos peninsulares llamaban Candamio o Candamius y al cual se atribuye el águila como animal sagrado). Los romanos compararon a Candamio con su dios padre.  La raíz del nombre de Candamio parece tener el origen en el indoeuropeo Kand “brillar, arder, resplandeciente”. Lo que nos pudiera dar una indicación de su relación con las tormentas, rayos, relámpagos y el sol. 

Para poder relacionar a Candamio con la zona del valle del tietar, si hacemos una comparativa en cuanto a la toponimia, nos encontramos algunos historiadores ponen a Candeleda (localidad también abulense que se encuentra a sesenta y nueve kilómetros de Sotillo y donde sita el castro del raso), emparejada con Candanedo (Santander),  Candiano (Laredo), Candán…  

Ahora bien, si tomamos como referencia al dios Romano Júpiter y que estos lo compararon con la deidad prehispánica Candamio o Candamius (que en la Galia adoptaría el nombre de Taranis) y lo antes expuesto con el águila como animal sagrado sí que creo que puede existir una relación considerable, al menos en cuestiones toponímicas de la zona. 

Roca con forma de «huevo»

¿Un lugar de culto para el pueblo vetton, un “pre-oppidum”, o únicamente una “torre de control” para el ganado? 

 
Desde mi punto de vista, para dotar o intentar meter dentro de un enclave mágico o de “poder” a un lugar, es importante encontrar la relación que este guarda (o hubiese podido guardar), con el entorno que le rodea, es decir, si puede tener un papel dentro de las costumbres, o tradiciones de los pueblos cercanos. Quizás sea atrevido denominar “mágico” a un lugar, pero sí que hemos de tener en cuenta que partiendo de la base de que nuestros antepasados no solo elegían lugares de culto con un fin meramente materialista si no, que debía de cumplir con ciertas características (y este enclave parece cumplir con algunas). Por un lado, ciertos elementos que lo componen tienen similitud con los encontrados en otros castros y por otro, su posible relación con el astro rey, y no hay que descartar como también apunta el estudio ya citado de la SEVAT, que tuviera una posible relación con alguna constelación (cosa que aún no he investigado). Aunque el objetivo es enfocarlo en las tradiciones populares del lugar, para fundamentar la hipótesis del posible culto solar y al dios Candamio, sí que para mí es también importante investigar el lado más místico que pudiera albergar el lugar. 

En el último solsticio de verano nos dispusimos a personarnos en el lugar en tres momentos clave. El primero al amanecer, que es el momento en que el sol parece emerger de entre las imponentes rocas zoomorfas, exactamente situándose en el centro de sus ángulos. El segundo, a la una de la tarde, cuando el sol está en su máxima, y el tercero cuando anocheció. Es ese momento en que este espacio cobra una gran energía. Utilizamos unos péndulos (una práctica rudimentaria) durante todas las visitas y la velocidad con la que giraban fue realmente asombrosa. Lo que da de pensar en varias probabilidades, que la energía que genera el sol sobre las rocas graníticas (a primera hora del día esto sería descartado, ya que no ha sufrido un contacto directo, pero que no sería descartado en los tramos posteriores del día) o la emisión de gas radón de las moles graníticas son culpables de su movimiento, o, que nos podríamos encontrar ante el paso de una línea energética de las muchísimas que tejen el planeta. Sinceramente, me decanto más por la última, ya que ese conocimiento ancestral, está más que demostrado y nuestros ancestros estaban más conectados con estas energías que nosotros. 

La tradición pastoril.  

Muy cerca de los pies de este cerro se encuentra la dehesa, que es lugar de reunión para festejos populares. Hemos de recordar la importancia de la ganadería para los vettones. Aquí, al ser un pequeño y probable castro o lo que se pudiera denominar un pre-oppidum, no sucedería como en Ulaca donde utilizaran el castro para guardar el ganado, sin embargo, sí que este podría pastar en la dehesa sin perderlo de vista que ejerciera la función como “torre de control del ganado”. Añado el término “pre-oppidum”, por no haber sido fortificado (y situarlo históricamente en la edad del bronce), pero si qué dado su carácter más abrupto en comparación con los otros oppidum, creo que nos podríamos encontrar ante una prueba material de cómo fue evolucionando el pueblo vetton en sus construcciones. 

Vista de la dehesa desde la cima

Esta zona, que dejó de estar poblada en la baja edad media, sí que siguió siendo transitada por pastores trashumantes, prueba de ello son los zahurdones, unas pequeñas construcciones de la edad de hierro que aún hoy siguen en pie, y que han servido de refugio a estos durante milenios. En todo el valle del tietar, hay muestras de actividad ganadera desde la edad de hierro. Uno de los ejemplos más representativos son los ya citados verracos, que representan tanto a toros, como a cerdos, y son vestigio de la importancia del ganado para este pueblo prerromano. No es descabellado, como apuntan SEVAT, que, tras esa tradición pastoril, se almacenen en el saber popular ciertos ritos o cultos. Y para ello hay que indagar en las tradiciones de los pueblos cercanos. Estamos hablando de hipótesis, son hipótesis, porque hay escrito poco o casi nada al respecto. No se puede afirmar con certeza, pero sí que, al igual que esta y otras teorías, es fundamental exponerlas y exponer todos los datos posibles. 

Y existe particularmente un culto que puede estar ligado a este enclave y sus alrededores y este es el Cristo de la sangre. 

Cristo de la sangre de Fresnedillas de la Oliva

El Cristo de la sangre y su relación con el solsticio de verano.  

El Cristo de la sangre, que está completamente ligado al corpus Christi (festividad católica donde se venera el cuerpo y la sangre de Cristo), suele coincidir con el solsticio de verano. Este año se celebra el 19 de junio y el solsticio sucederá el 21, aunque a veces suelen diferir en varios días. Es una prueba de que nos encontramos ante la cristianización de una celebración pagana.  

No es descabellado poner como referencia esta festividad, ya que, si bien, hablábamos anteriormente de las tradiciones que se van transmitiendo por herencia, aquí podríamos hallar una de ellas. Las ermitas erguidas en devoción al cristo de la sangre en esta zona donde se junta la sierra de Guadarrama con Gredos y Toledo son abundantes y únicas en toda la península. Prueba de ello es la de la Iglesuela del Tiétar, la de Mijares, la de villa del prado, la de san Martín de Valdeiglesias, la de Fresnedillas de la Oliva, las desaparecidas en la Adrada y Sotillo de la adrada, y ya un poco más alejada la de Navalagamella. En total, nueve ermitas dedicadas a lo mismo en una distancia entre pueblos relativamente corta. Es para mí, donde cobra mayor importancia el creer que este lugar fuera sagrado y que por tradición haya pervivido esa veneración solar. Es en referencia al solsticio de verano donde he podido encontrar más relación, dado que, por otro lado, el famoso shamain céltico o equinoccio de otoño, también tiene un gran arraigo en toda la provincia de Ávila con sus castañadas como celebración más significativa, lo que apunta a que las gentes que poblaban esta zona no solo tenían una tradición ganadera sino también agrícola y recolectora. O sus mascaradas, que están siendo recuperadas con gran éxito, ligadas al equinoccio de primavera, etc. 

Miguel Ortiz 

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