Aprovecho la primera entrada al blog, para hablar de Marcelina Estrada Viñas, la «huesera de Sigüenza». Huesero/a, es el nombre con el que se conocía a la gente que se dedicaba a curar lesiones óseas. Realmente, no fue conocida como huesera, si no, como ha sido habitual en España, como curandera.
Llama la atención, en este caso como en muchos otros, en vez de tratar a estas personas que tienen este don o esta sabiduría innata como brujas o charlatanes, el pueblo respeta este conocimiento como si de un médico se tratase. Desde mi punto de vista, dice bastante, positivamente, acerca de esa fraternidad que cada vez está más ausente en nuestros días.
En el libro “Alcarria Bruja” de Javier Fernández Ortea, encontramos un apartado llamado: Hechicería y superstición en la sierra norte de Guadalajara, donde podemos comprobar que esta zona no ha estado exenta de un saber popular, o como cita el autor: de especialistas en la medicina rural serrana.
M.E.V., 1912/2009, fue una curandera de la localidad de Sigüenza (Guadalajara), transcribo parte de la entrevista realizada a dos de sus familiares, Enrique Estrada Merino e Isabel Estrada Merino, ambos sobrinos suyos:
Eran 10 hermanos, ella era de las mayores, nuestra abuela murió joven y ella se tuvo que hacer cargo de todos sus hermanos…
¿Como aprendió a curar huesos?
No lo sabemos, pero puede que fuera por necesidad, antiguamente si se lesionaba el ganado había que curarlo, no había veterinarios en los pueblos, puede que aprendiera a raíz de tener esa necesidad. O que naciera con ello, vete tú a saber…
¿Le visitaba mucha gente?
Venían de todos los pueblos de alrededor a verla, y de Madrid, Zaragoza, Barcelona… Todo el mundo la conocía, y todo el mundo te va a contar cosas de ella, Ella tenía ese don, esa gracia.
Siendo más mayor, empezó a ir a la residencia de ancianos, le llamaban para que fuera a curarles, había días que los pasaba allí casi enteros, porque tenía que curar a más de uno…
¿Cobraba por curar?
Nunca nunca cobraba nada, solo la voluntad, la gente le llevaba regalos, etc…
Don Salvador y don manolillo, que eran los médicos que había aquí, les mandaban a las personas que tenían cualquier tipo de lesión, pues tenían mucha confianza depositada en ella.
¿Conocéis gente que haya sido curada por ella?
Habla Isabel:
A dos de mis hijos les curó, a uno, una lesión en las costillas y a otro en un brazo, en esos momentos tenía dos opciones, o llevarlos al hospital o llevarlos donde nuestra tía, claramente opte por la segunda… Uno de los dos casos se partió mi hija mayor el antebrazo, y se lo arregló, no usaba escayola, con unas vendas y cartones…
Una de mis sobrinas tuvo una lesión lumbar jugando al balonmano y le dijeron en el hospital que tendría para varios meses… su padre le llevo a cuestas a ver a nuestra tía, y después de que la visitase, esta sobrina bajo andando por las escaleras.
Y a mucha más gente que ahora no se decirte, te digo estos porque son los más cercanos, pero curó a muchísimos.
No solo eso, su padre, nuestro abuelo, tenía seis dedos en una mano. (Se conoce como Polidactilia, tener seis dedos en una o varias extremidades). Una peculiaridad que creo es digna de reseñar.
Caminando con Isabel, por un pueblo cercano a Sigüenza, en nuestro camino nos encontramos a un hombre de una edad bastante avanzada, y ya sabemos cómo, en los pueblos todo el mundo pregunta… y al decirle Isabel de donde era, el hombre le comento que él y su familia solían ir a Sigüenza a ver a una señora que curaba los huesos, Isabel le preguntó, ¿no sería a Marcelina? El hombre contestó que sí. Ella respondió: Era mi tía. En ese momento pude comprobar por mí mismo, que lo que me comentaban sobre su fama por la zona era verdad.
¿Se trataba de un don?, ¿de un oficio extinto, transmitido de generación en generación?, no lo sé, en este caso es difícil saber lo que hay detrás, o más bien lo que había detrás. Lo que, si sé, es que actualmente estos oficios no institucionalizados han desaparecido en su mayoría en este país, puede que aún exista gente que se dedique a ello, pero ha de ser una minoría…
Me parecía importante dejar constancia de la figura de Marcelina Estrada Viñas, ya que su historia desde mi opinión está lejos de la charlatanería, o la superstición, que no hay que olvidar en cuanto a la curandería se trata. Y por supuesto, agradecer tanto a Isabel como a Enrique, su aportación a que la figura de su tía no quede en el olvido como la de tantas otras personas, que ya se fueron y con ellas su conocimiento.
Miguel Ortiz
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