
La Molibdomancia (De griego (molybdos), «plomo» y (mance) “llevar a cabo una forma específica de magia o adivinación”) es una técnica que se realiza utilizando metal fundido. Típicamente, se realiza dejando caer plomo o estaño fundido en agua.
Bleigießen en Alemania(fundición de plomo o regar con plomo), es una tradición que se reparte por buena parte de Europa, en países como Alemania, Austria, Suiza, Finlandia y Republica Checa, que se celebra en fin de año para pronosticar cómo nos irá el año que empieza.
Consiste en colocar sobre una mesa una vela y un cuenco con agua, además de esto, se necesita un cucharon y unos pequeños lingotes de plomo (hechos de aleaciones más baratas basadas en estaño o plomo, dada la toxicidad de este), o cera.
Venden para estas fechas, este kit de adivinación en muchos supermercados, tiendas de regalos, etc… de Alemania y Austria.
Se enciende la vela y se coloca uno de los lingotes dentro de la cuchara, (situando esta sobre la llama de la vela) y se procede a fundir el plomo, el estaño o la cera. Cuando ya está fundido, se vierte sobre el cuenco de agua, este cambio brusco de temperatura hace que el plomo adopte formas antropomorfas, que el/los participantes han de interpretar. Si tras esta práctica obtuviéramos una figura con semejanza a un corazón, supuestamente este año nos enamoraríamos, si obtenemos un anillo, es sinónimo de boda, etc…
Lo que me llamó la atención desde el primer momento, es que, esta práctica se realiza en familia, o con amigos, alrededor de una mesa… recordándome otros tipos de experimentaciones.

Resultado con forma de ballena tras verter el metal. Su interpretación sería: «Hacer algo bueno para el cuerpo»
En Turquía: «kurşun dökme», esta praxis (que además tiene bastantes seguidores), cobra otras características, se utiliza para otros fines:

Conocida popularmente como “verter plomo”, desde la antigüedad, se cree que es un método de protección contra el mal de ojo, e incluso para sanar dolencias corporales.
Se transmite de generación en generación como una tradición. Se requiere un cucharón, un recipiente grande de metal, lingotes de plomo, tela y agua. El plomo se funde con cucharones en una estufa y se vierte en un recipiente desde la cabeza a la persona a tratar, a la que se le cubre la cabeza con una sábana o manta cuidadosamente para evitar cualquier problema. Las “balas” se descargan al rojo vivo cuidadosamente en un recipiente con agua sostenido con las dos manos y se vierte la bala diciendo: «No es mi mano, es la mano de nuestra madre Fátima». (En algunos sitios, se hace un pequeño ritual con una llave, unas tijeras, un cuchillo y una vara de metal, realizando unos golpecitos sobre el cuenco metálico antes y después de verter el mineral). A continuación, se aplica el plomo en los pies y el vientre de la persona que se desprende de ese “mal” (en algunos casos, el agua del recipiente se le da a la persona para que la beba). Además, se afirma que las zonas afectadas se curaran mediante la aplicación de agua con plomo. Las peculiaridades ritualistas varían según la región donde se practiquen.
En una investigación realizada en la Universidad de Ankara, se informó sobre los riesgos de esta tradición sobre la salud, de enfermedades como el saturnismo y el envenenamiento de antimonio, ambas, derivadas del uso del plomo.
Hay más países de Europa donde se realizan este tipo de prácticas, como Letonia, Estonia, Bulgaria y Bosnia.

Supuestamente esta tradición con aires alquímicos tendría una mezcla de origen Celta y Romano, lo cual podría estar bastante acertada, y que con el paso del tiempo se hubiera ido incorporando en ella nuevas interpretaciones, elementos, etc…
Puede recordar a la cafeomancia, (la interpretación de los posos del café), incluso a como los Etruscos interpretaban las tripas de los animales, etc… Lo que sí parece, qué intentar predecir el futuro utilizando lo que nos rodea va ligado al ser humano. En estos casos que expongo, desde mi punto de vista lo que hay detrás de ellos, creo que es eso, una necesidad intrínseca a nosotros de querer saber que nos depara el mañana. Ni creo, ni dejo de creer en estas u otras prácticas supuestamente adivinatorias, básicamente, porque, lo que sí tengo muy claro, es que la casualidad no existe, pero también existe la sugestión…
Con esta breve reflexión, no me queda otra, que desearos !buen año nuevo!
Miguel Ortiz
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