Hace unas semanas, intentando dormir a uno de mis hijos, el, me comentaba, que no podía dormir porque tenía miedo del “silbón”, que había visto varios videos en una famosa plataforma y que le daba mucho miedo. Yo no había oído hablar de este personaje, en España, los que ya peinamos alguna cana, estamos más acostumbrados al hombre del saco, o a otros “asusta niños” más arraigados popularmente.
Entonces, le empecé a preguntar sobre el tema y me pareció que, junto a él, íbamos a escribir de ello. Es de esperar que después de acompañar a sus padres en las visitas que vamos haciendo por diferentes enclaves de toda la península y algunos más macabros que otros, tenga predilección para consumir cierto contenido relacionado con temas de leyendas o misterio, y esto, además de tratar la historia de este “silbón”, ha de adquirir un camino más pedagógico, que en este caso es totalmente obligatorio.
Algunas leyendas parten de una base real o ficticia, unas empiezan siendo meros cotilleos, etc… Y otras incluso eran creadas por el pueblo para tras su transmisión oral dar una “lección” y con ello, preparar a los jóvenes hacia un mundo de adultos donde se iban a enfrentar a situaciones no tan inocentes como las que se pueden encontrar en la infancia.

“El silbón” es uno de los asustadores más populares de Venezuela concretamente su origen parece encontrarse en las regiones de la portuguesa y los llanos (zonas ganaderas donde fundamentalmente el manejo de reses a caballo es su motor económico y cultural), extendiéndose por la parte oriental de Colombia. Cuenta el relato (el cual parece tener su origen a mediados del siglo XIX), que una noche un adolescente muy consentido por sus padres, pidió cenar asaduras o carne de venado y al no tener en casa, la mamá ante las represalias posibles del hijo obligó al padre a salir al campo a cazar un venado y así satisfacer su deseo.
Después de hacer un gran esfuerzo por conseguir la caza, el padre, llegó a casa con las manos vacías, lo cual, genero un enfado monumental en el chico y tras una fuerte discusión este decidió ir al bar a ahogar su frustración.
Tras pasar unas horas bebiendo, decidió volver al hogar y acabar violentamente con la vida de su progenitor llegando a extraerle las tripas y el corazón. Cogió los órganos y acto seguido se los llevó a su abuela para que los cocinara y esta, al darse cuenta de que eso era carne humana, entró en cólera y el joven confesó el crimen.
Su abuelo indignado ante tal atrocidad lo ató a un poste y le proporcionó tal cantidad de latigazos que dejó su espalda en carne viva y posteriormente la roció con aguardiente (en otras versiones lo echó ají picante). El joven ya exhausto fue “tirado” a los perros (aquí también existe una variación, ya que se cuenta con varios canidos o con únicamente con uno llamado “Tureco”), para que lo atacaran. Salió corriendo y desapareció por el llano. El anciano lo maldijo a vagar por toda la eternidad y cargar con los huesos de su progenitor. Desde aquel trágico incidente el alma en pena del muchacho se aparece por los Llanos portando sobre su espalda un saco con los dichos restos óseos emitiendo un silbido característico (una escala de Do, Re, Mi, Fa, Sol, La y Sí, que sube y baja), el cual es presagio de desgracia. Si se escucha cerca, está lejos y si se escucha lejos, está cerca y es entonces cuando va a cobrarse alguna víctima.
Esta ánima enjuta de entre cuatro y seis metros de altura portadora de un saco en su espalda y acompañada siempre de un viejo sombrero (de “cogollo”, típico de esta comarca) sobre su cabeza, tiene, aun así, varias formas de ser espantada: Con un padre nuestro, llevando consigo ají, se asusta fácilmente con el sonido de un látigo…. y suele aparecerse a gente de mal vivir o eso se cuenta.
Otra variante de la historia es que, en plena noche, puede llegar a sentarse fuera de la vivienda elegida a contar los huesos obtenidos tras sus capturas durante años. Si se le escucha y no se le espanta, un miembro de la familia aparecerá muerto la mañana siguiente.
Hay que añadir que tanto el látigo como los silbidos, son herramientas utilizadas en la faena del manejo de reses en el Llano y que esto da un punto extra al calado social de este relato.

Es pues que muchas leyendas guardan detrás de si un trasfondo, que, en su transmisión, tienen como fin advertir o intentar sembrar una pequeña semilla dentro del inconsciente colectivo y que, en este caso, está más que claro que su objetivo y lo que hay detrás, es infundir el respeto hacia la familia y sus miembros, aunque la interpretación puede ser como no, subjetiva.
Miguel Ortiz

Deja una respuesta